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Paisaje asociativo de El Cobre: escenario natural de veneración y fe

Foto: Oficina del Conservador de Santiago de Cuba

Localizado en un ámbito geográfico peculiar, el poblado de El Cobre, se ubica sobre un valle ondulado rodeado de las montañas de la cordillera homónima. Su paisaje y su entorno, poseen un alto valor patrimonial asociado a tres componentes fundamentales: la esclavitud y el cimarronaje, la minería y la religión. Su historia, cargada de mitos y leyendas, entrega páginas de independencia, cubanía y espiritualidad.

Cerca de la villa de Santiago de Cuba, fue encontrado mineral de cobre, cuestión que llamó la atención y provocó –en las primeras décadas del siglo XVI– la creación del Real de Mina de Santiago del Prado. El alemán Juan Tetzel inició un período de prosperidad para la extracción y fundición del preciado metal. Se señala que en 1541 se empleaban 40 negros esclavos para extraer y fundir el cobre. Para una mejor organización de la empresa cuprífera, en 1598, el capitán de artillería Francisco Sánchez de Moya funda el pueblo de Santiago del Prado.

A inicios del siglo XVII, sucede un acontecimiento que marcó el sitio minero; la tradición oral hizo llegar que, en la bahía de Nipe, (al Norte del Oriente cubano) dos indios y un niño negro encontraron sobre las aguas la imagen de una virgen que tenía una inscripción que decía: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. Recogida por ellos, fue trasladada al poblado de El Cobre donde permaneció como centro de una devoción local que, poco a poco, ganó adeptos, en un largo proceso de asimilación por el pueblo cubano del culto mariano.

A fines del siglo XVII, la modesta capilla se transforma en santuario; la imagen de la reconocida ya como Virgen de la Caridad del Cobre comenzaba su peregrinar para convertirse en símbolo de cubanía. Como resultado de una solicitud de los veteranos de las guerras independentistas al Papa Benedicto XV, en 1916, fue declarada la virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba. En 1927 se inauguró en la altura de la Maboa el Santuario que vemos hoy.

La implicación directa del poblado de El Cobre a las rebeliones esclavas indujo a la UNESCO a formular su inclusión en la Ruta del Esclavo por América. Se encargó al escultor santiaguero Alberto Lescay Merencio, la creación de un monumento que perpetuara la actitud rebelde y libertaria de la población esclava. La obra El Cimarrón, inaugurada en 1997, es una escultura de bronce de 9,60 metros emplazada en lo alto de un cerro, antigua zona de laboreo minero. Su figura se dibuja como colofón del perfil escalonado generado por las sucesivas excavaciones en el cerro que, convertido en mirador natural, ofrece una visión distinta y opuesta del poblado y su entorno natural.

El Festival del Caribe, celebración regional de alto vuelo cultural, tiene en el poblado y en especial en el entorno del monumento al Cimarrón uno de sus escenarios fundamentales. Este ámbito estimula el encuentro de portadores de las religiones populares y sincréticas en un clima festivo y de hermandad.

El paisaje asociativo de El Cobre, declarado Monumento Nacional, ofrece un ámbito mágico religioso de alto valor patrimonial que suma contenidos de las tres temáticas fundamentales que definen su personalidad: la minería, la religión y la esclavitud. La cordillera del Cobre rodea con su manto protector de montañas el escenario natural de veneración y fe, de liberación y arraigo a las raíces.

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