Especial TTC: El paisaje cafetalero de Cuba, 25 años en la lista del patrimonio mundial

Por: Omar López Rodriguez, Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba.
Es una acción cotidiana, muy extendida por el mundo, disfrutar de una taza de café en la mañana o al inicio de la tarde, y se dice que una conversación bajo su deleite, consolida amistades, genera amores perdurables y da pie al logro de buenos negocios. Tales tradiciones se dan por ancestrales y sus orígenes están cargados de tantas historias y leyendas.
En Cuba, tomarse una taza de café, acabado de colar, es un ritual que involucra sentimientos, pasiones y conquistas; y cuando se sugiere un origen, se transita hasta aquel instante extraordinario de la historia, la Revolución de Haití, su cercanía geográfica con Santiago de Cuba y la migración francesa que decidió implantar –previo acuerdo con los gobernantes “ilustrados”, el cultivo del “grano milagroso” en las montañas del Oriente de la Isla, lugar con las condiciones requeridas para su cultivo y desarrollo.

Su crecimiento fue acelerado, el territorio prácticamente virgen de la cordillera de la Gran Piedra y su extensión por todo el ámbito montañoso, posibilitó un comercio ampliamente beneficioso con Europa, que abarcó todo el siglo XIX, hasta los inicios de las guerras de independencia del pueblo cubano en su intento por afectar la economía colonial.
Surgió entonces, y para siempre, la cultura del café, abarcadora no sólo de la producción y exportación del aromático grano, sino que penetró de manera perdurable en los hábitos y costumbres locales de su consumo, hasta convertirse en tradición y patrimonio de la nación cubana.
Fue por ello que el Paisaje Arqueológico de las Primeras Plantaciones Cafetaleras en el Sudeste de Cuba, considerado como “un testimonio único y elocuente de una forma de explotación agrícola en un monte virgen”, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial desde el 29 de noviembre de año 2000, declaratoria que tuvo lugar durante la XXIV Reunión del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO, celebrada en Cairns, Australia.

La condición de Patrimonio Mundial, más conocido como Patrimonio de la Humanidad, es el título conferido por la Unesco a sitios del planeta con valores patrimoniales relevantes, que marcan hitos en la historia y la cultura universal.
Enmarcado en las actuales provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo, el Paisaje Cultural ocupa un área total de 81 475 hectáreas. En este vasto territorio podemos encontrar tanto las evidencias materiales de las antiguas haciendas cafetaleras, como la red de caminos “de colina” que permitieron la comunicación entre ellas y con los puntos de embarque para la exportación de café. Su distribución territorial, en lo intrincado de las montañas, crearon y cualificaron el entorno natural hasta convertirlo en un paisaje cultural singular y trascendente.

Fruto de ello, la cultura material y espiritual que sobrevivió de aquellas haciendas de café, levantadas a finales de siglo XVIII y principios del siglo XIX, representa un testimonio valioso de la relación entre el hombre y la naturaleza, y de su capacidad de transformación en un balance equilibrado entre ambos. Al incuestionable valor histórico, arquitectónico y arqueológico, se incorpora el paisajístico donde la inteligencia y la mano del hombre consideran: ríos, arroyos, manantiales y bosques de accidentada topografía que se aprovecharon en función de satisfacer las necesidades productivas y culturales.
Visitar una hacienda cafetalera permite conocer todo un sistema agroindustrial, donde cada plantación presenta singularidades que la distinguen y diferencian de las otras por poseer elementos excepcionales propios, relativos en lo fundamental al estudio y adecuación de la distribución a los terrenos, a los ríos y a las bondades del paisaje. Por otra parte, existen rasgos comunes de una arquitectura derivada de la influencia francesa.

Resultan peculiares los componentes del sistema industrial tales como los destinados al uso eficiente del agua, cisternas, canales y acueductos, según la tecnología del beneficio húmedo aplicada por los productores en toda la extensión de la región donde se sumaron tahonas y molinos para descerezar el grano de café, tanques de fermentación, secaderos, barracones, casas señoriales, entre otras huellas materiales de las antiguas plantaciones.
La gestión de la conservación de este valioso paisaje cultural, se lleva adelante por la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba y los Centros Provinciales de Patrimonio Cultural de Santiago y Guantánamo, responsables principales, junto a otras entidades activas en el sitio, de la implementación de las políticas y estrategias de los Planes diseñados para la puesta en valor del extenso patrimonio existente.

Los estudios e investigaciones llevados a cabo a lo largo de estos veinticinco años demuestran que, de este fenómeno esencialmente productivo y económico, se derivaron otros elementos culturales con manifestaciones, no solo en la obra arquitectónica, ingenieril o hidráulica, sino también en la música, la danza, la literatura, la gastronomía, la religión, el arte, los gustos y las costumbres como parte de un patrimonio intangible, amplio y diverso.
Hoy, este patrimonio mundial, el primero vinculado con el café que ostenta esa categoría, se muestra a visitantes y turistas, unos restaurados y otros en espera de su conservación necesaria, pero todos demostrativos de un quehacer del pasado inspirador para la continuidad del proceso productivo del café, entendiendo esto como la cadena que vincula tradición y modernidad para satisfacer y validar el Proyecto Los Caminos del Café un intento por llevar adelante, junto al rescate patrimonial, el de una labor social con las comunidades campesinas establecidas que perciben en ello una opción de presente y futuro. La colaboración internacional ha llegado de la UNESCO, el Gobierno y entidades francesas, y se sigue ampliando en estos años con resultados.

El paisaje arqueológico cafetalero fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en el año 2000, y en este 2025 arriba al 25 aniversario de su declaratoria, en tanto reconocimiento de sus valores universales, permitirá destacar la gestión para su puesta en valor en estos años, así como todo el esfuerzo desarrollado a favor de su visibilidad e interpretación. Le invitamos a Santiago, llegar a la Casa Dranguet – Centro de Interpretación de la Cultura del Café”, consumir un “buchito” de café mientras decide subir al “paraíso”, tal y como escribieron los viajeros en el siglo XIX, para llenarse de aromas, sabores y visiones que nunca olvidará.
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