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Especial TTC: Sin naturaleza no tenemos nada, ni siquiera turismo

Por Frank Martin

Un alarmante llamado del secretario general de la ONU, António Guterres, ha impactado directamente en el mundo del turismo: «Sin naturaleza, no tenemos nada»

La frase directa y de gran impacto fue expuesta por Guterres en una conferencia clave global del organismo mundial cuya continuidad se desarrolla desde la semana pasada en Montreal Canadá.

Especialistas que han intervenido en los últimos años en los prolongados debates todavía en marcha hoy, coincidieron en que es alarmante la creciente destrucción de la naturaleza causada por la actividad humana.

No es exagerado decir que de esos encuentros internacionales se esperan nuevos planes y soluciones para detener ese alarmante deterioro.

La buena noticia es que ya se prepara así un nuevo marco global para la biodiversidad, que guíe las acciones en todo el mundo hasta 2030, para preservar y proteger los recursos naturales con los que cuenta la humanidad para sobrevivir.

La etapa actual de la 15° Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas (COP15) iniciada el miércoles de la semana pasada aún se extenderá hasta el próximo 19 de diciembre.

«En esta reunión necesitamos un acuerdo sobre biodiversidad global ambicioso y efectivo, con objetivos y criterios claros», declaró Ingred Andersen, directora ejecutiva del Programa para el Medio Ambiente en una rueda de prensa en Montreal.

Lo que ha atraído a los gobiernos de todo el mundo a hablar de biodiversidad son las más claras cifras. La actividad humana ha afectado al 75 % de la masa terrestre y el 66 % de los océanos; las pérdidas de más del 85 % de los humedales; y la amenaza que pende del 25 % de todas las especies amenazadas de extinción.

Tal como sucede con otro de los fenómenos que avanza a causa del abandono de la naturaleza a su suerte, el cambio climático, la biodiversidad se está desgastando progresivamente.

Un concepto que muchos consideran extremista es aquel que afirma que el turismo es «enemigo» de la biodiversidad.

Una modificación de esa manera de ver el problema es que el exceso de un turismo que no respete la naturaleza es el verdaderamente capaz de acelerar el quebrantamiento de la biodiversidad.

Un grupo de científicos han llevado a cabo la  investigación bajo la tutela de ONU y han llegado a una conclusión lógica:  Han descubierto algo evidente y es que el turismo y la biodiversidad deben tener una buena relación y no perjudicarse uno al otro.

A partir de esa lógica es muy evidente que gobiernos y entidades interesadas de todo tipo deben promover la conservación de las especies autóctonas, mediante el desarrollo de infraestructuras más respetuosas de la naturaleza.

Tal estudio indica que la integración de la conservación de la biodiversidad y la salud pública ha ganado un impulso significativo en los últimos años, y deben desarrollarse nuevos esfuerzos para identificar soluciones compartidas.

Los investigadores no llegaron a sus conclusiones solo intercambiando criterios. Utilizaron datos logrados mediante la combinación de los satélites de la NASA y las publicaciones en las redes sociales.

Midieron así cuánta vida silvestre había y cuáles eran las zonas que más viajeros atraía en un país turístico específico.

Fueron hechas observaciones cuidadosas del hábitat de especies amenazadas y detectaron que, en efecto, el exceso de turistas y las malas costumbres pueden amenazar conglomerados de animales y naturaleza en general.

Este descubrimiento intuido por los especialistas quedó comprobado para regiones del planeta cuyas economías necesitan de la industria turística.

Pudieron captar con facilidad que el olvido de los programas de protección de la biodiversidad, y no solo del turismo sino también en otros sectores como el industrial, es lo realmente peligroso.

De ahí la afirmación de Guterres  «sin la naturaleza, no somos nada» “. Agregó en su momento que la humanidad durante cientos de años, «ha llevado a cabo una cacofonía de caos, tocada con instrumentos de destrucción».

Sus ejemplos fueron elocuentes: la deforestación y la desertificación; al envenenamiento del medio ambiente por productos químicos y pesticidas, que están degradando la tierra y dificultando la alimentación de la creciente población mundial.

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