Especial TTC: Caral, un destino de turismo arqueológico único

Caral, la ciudad precolombina más antigua de América. Foto: Pixabay/ erika_vicente

Por: José Luis Perelló

La ciudad más antigua de América Latina, la ciudad sagrada de Caral, se encuentra ubicada en las profundidades del continente americano y es un testamento viviente de la antigua grandeza y el ingenio de las civilizaciones precolombinas. Con una historia que se remonta a más de 5.000 años, esta localidad ancestral ha desafiado las nociones convencionales sobre el desarrollo temprano de la civilización en la región.

Caral se encuentra en lo que hoy es Perú, a 200 kilómetros al norte de Lima y es un sitio arqueológico único, cuyas ruinas revelan una compleja red de construcciones urbanas y estructuras ceremoniales, ha sido identificada como la urbe más antigua del continente.

El primero que llamó la atención sobre Caral fue Paul Kosok un viajero estadounidense que visitó el lugar junto con el arqueólogo Richard Schaedel, en 1949. No es hasta 1979, en que el arqueólogo francés Frederic Engel visitó el lugar, excavó y levantó un plano del mismo. En 1994, la arqueóloga Ruth Shady recorrió nuevamente el territorio y reidentificó 18 sitios con las mismas características arquitectónicas.

las investigaciones en el valle de Supe, provincia de Barranca, región Lima, Perú, las inició en 1994 la arqueóloga y antropóloga peruana, doctora Ruth Shady, con sus estudiantes y egresados de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).
Como primer resultado de esas investigaciones, la doctora Shady y su equipo de trabajo identificaron en el valle de Supe, casi veinte asentamientos arqueológicos, con arquitectura monumental, relacionados con el periodo Formativo Inicial (3000-1800 a. C.), entre ellos la Ciudad Sagrada de Caral, Patrimonio Mundial (UNESCO, 2009).
Las excavaciones arqueológicas en la Ciudad Sagrada de Caral, iniciadas en 1996, tuvieron como resultado dos publicaciones, en el año 1997, donde se sustentó la antigüedad del asentamiento, y su rol en los orígenes de la civilización Andina. Estos trabajos tuvieron el apoyo de National Geographic Society, el Instituto Nacional de Cultura del Perú (actual Ministerio de Cultura) y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Por la difusión hecha por la doctora Shady, basada en sus investigaciones, en el año 2000 la pareja de arqueólogos norteamericanos Jonathan Haas y Winifred Creamer, entonces del Field Museum de Chicago, visitaron la Ciudad Sagrada de Caral y acompañaron a la doctora Shady a recoger muestras de las excavaciones arqueológicas. Los arqueólogos norteamericanos llevaron esas muestras a su país para hacerles fechados radiocarbónicos. Ya con el resultado, se preparó el artículo “Dating Caral, a Preceramic Site in the Supe Valley on the Central Coast of Peru”, que se publicó en abril de 2001 en la revista Science, con el orden de los autores: Shady, Haas y Creamer (https://www.science.org/doi/10.1126/science.1059519).
Sin embargo, en la rueda de prensa de la publicación de ese artículo, los arqueólogos Haas y Creamer se presentaron al mundo como investigadores de la Ciudad Sagrada de Caral, oscureciendo el trabajo desarrollado por años por la doctora Shady en el lugar (https://www.sciencedaily.com/releases/2001/04/010427073646.htm).
Por lo anterior, la doctora Shady presentó un reclamo formal contra los arqueólogos Haas y Creamer, al Field Museum y a la Sociedad de Arqueología Americana. Lejos de revisar su conducta, y retirarse del lugar, los arqueólogos Haas y Creamer empezaron a investigar en los valles vecinos al de Supe: Huaura, Pativilca y Fortaleza. Las evidencias que encontraron en esos lugares, relacionadas con la “Civilización Caral”, definida por la doctora Shady, las presentaron en Norteamérica bajo el nombre de “Civilización Norte Chico”. Este hecho fue muy comentado en el colectivo arqueológico y, en este caso, dejó en claro la forma de operar de algunos profesionales para sacar provecho del esforzado trabajo de otros (https://www.discovermagazine.com/planet-earth/showdown-at-the-ok-caral).
Como fuera, corresponden a la doctora Ruth Shady los méritos por haber excavado arqueológicamente y demostrado la antigüedad de la Ciudad Sagrada de Caral, así como haber promovido la declaración de esa primera ciudad americana como Patrimonio Mundial. Después de la publicación de Science, y su incorrecta presentación como descubridores de la Ciudad Sagrada de Caral ante el mundo, los arqueólogos Haas y Creamer no han tenido ningún vínculo con el trabajo en ese lugar.
La Zona Arqueológica Caral, bajo la conducción de la doctora Shady, continúa trabajando en la investigación, conservación, difusión y relación comunitaria de la Ciudad Sagrada de Caral y otros once sitios arqueológicos relacionados con la civilización Caral.

En 2009, la UNESCO reconoció a la ciudad sagrada de Caral como Patrimonio de la Humanidad, mientras que su antigüedad ha sido confirmada a través de decenas de pruebas de datación por radiocarbono.

En 2009, Caral fue decalrada Patrimonio de la Humanidad

Uno de los aspectos más fascinantes de Caral son sus enormes pirámides, testigos silenciosas de la grandeza y el ingenio de una civilización antigua. Estas estructuras monumentales eran centros de actividad religiosa y política, donde los líderes de la ciudad llevaban a cabo ceremonias importantes alineadas con el ciclo natural del calendario.

Con cada descubrimiento, los arqueólogos nos llevan más atrás en el tiempo, revelando las complejidades de la vida en esta ciudad milenaria. Los sistemas de irrigación y la planificación urbana sofisticada que se han descubierto muestran la avanzada comprensión que tenían los antiguos habitantes de Caral sobre la agricultura y el manejo de recursos.

Las pirámides de Caral son siete grandes estructuras, cada una con sus propias características y usos específicos.

La Pirámide Mayor, también conocida como «la principal», fue construida en el 2620 a.n.e. aproximadamente. Se extiende a lo largo de 153,52 metros, tiene una anchura de 110 metros y alcanza una altura de 28 metros. Presenta una estructura escalonada, con una plaza circular en su frente y una escalera de 9 metros de ancho y 28 metros de alto.

La Pirámide del Anfiteatro, la más imponente de todas, mide 155 metros de largo por 81 de ancho y 11 de altura. En este caso, se cree que tuvo una importante actividad ceremonial: en el piso de su plaza circular los arqueólogos encontraron 32 flautas finamente decoradas.

Por su parte, la Pirámide de la Cantera tiene dimensiones ligeramente más reducidas, con una longitud de 78 metros, una anchura de 56 metros y una altura de 13,40 metros.

Otra de las estructuras destacadas es la Pirámide de la Galería, que se extiende a lo largo de 110 metros, con una anchura de 80 metros y una altura de 17 metros. En cuanto a la Pirámide de la Huanca, se cree que su función fue astronómica. Mide 55 metros de largo y alcanza una altura de 12 metros.

La Pirámide Menor se caracteriza por sus medidas de 45,80 metros de largo, 37 metros de ancho y 7,50 metros de altura. Finalmente, entre las construcciones más pequeñas se encuentra la Pirámide del Altar Circular, que abarca 42,60 metros de largo, 28 metros de ancho y apenas 4 metros de altura. Es un lugar de acceso muy restringido al que podían ingresar pocas personas.

Estas estructuras monumentales son testigos del avanzado conocimiento tecnológico y arquitectónico de la civilización de Caral, una de las más antiguas de las Américas. Su importancia trasciende las fronteras del tiempo, ofreciendo un fascinante vistazo al pasado remoto de la humanidad.

 

 

Ferromar

MÁS NOTICIAS

SUSCRÍBASE A NUESTRO BOLETÍN

ESTAMOS EN REDES SOCIALES