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Cómo nació el Castillo de los Tres Reyes del Morro, ícono de La Habana

Los Tres Reyes del Morro, Castillo guardián de la bahía habanera. Foto: BarbeeAnn en Pixabay

Una sencilla peña a la entrada de la bahía habanera sería el sitio escogido para cargar la historia del edificio más icónico de la capital cubana, el Castillo de los Tres Reyes del Morro, uno de los monumentos defensivos más reconocidos de esa misteriosa etapa en que La Habana era destino deseado de piratas y saqueadores marinos.

En 1630 se terminaron las obras de la que fuera la segunda de las fortificaciones de la ciudad y una de las más importantes.


La peña a la entrada del puerto fue el sitio ideal por la elevación natural que brindaba para ubicar este tipo de fortalezas, aunque imponía el reto de una construcción en terreno muy irregular, un desafío mucho más grande para la arquitectura de la época, en efecto.


El área total para el emplazamiento, sin embargo, era amplia. Se trataba de un polígono irregular que se ajusta a una larga lengüeta que sale al mar y da paso al puerto.


Y el atractivo mayor de esta ubicación era lo inaccesible: tanto por tierra como por mar posee altas cortinas que lo hacen inexpugnable.


Además de sus gruesos muros con fozo, para no dejar grieta posible a la seguridad, al castillo se le agrego una torre alta que sirvió para situar vigías que podían ver a lo lejos cualquier embarcación peligrosa para la ciudad y un faro que ha servido de guía a los barcos hasta la actualidad, y es símbolo para los habaneros, recordatorio de identidad marítima de esta ciudad.


Actualmente El Castillo del Morro es uno de los íconos inconfundibles de la ciudad cubana, admirado en millones de fotos, estampas y souvenirs, identifica a la capital d ela isla caribeña con una elegancia sin par, pero además, en su funcionalidad, también sigue siendo un sitio que mezcla historia con asueto pues es un museo de arte colonial, centro de exposiciones y sitio de recreación, que se convierte en fiesta cuando cada año, acoge la Feria Internacional del Libro celebrada en Cuba.


Admás, el Morro, como lo conocen los cubanos, es dueño de una vista sin par de la ciudad y su mar. En lo alto del faro existe un mirador al que se accede mediante una escalera de caracol, desde donde se puede apreciar una vista si no increíble, seguramente inolvidable.

(Con información de Sitios patrimoniales de Cuba)

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