109 veces en Cuba: la historia de Ursula, una canadiense que encontró una segunda familia en el Caribe

Por: Rachell Cowan Canino /Fotos: cortesía de la entrevistada

Hay viajeros que han ido a Cuba una vez. Otros, cinco. Algunos, veinte. Y luego está Ursula Kunstmann.

Ella tiene 88 años, habla tres idiomas, durante décadas su esposo (fallecido hace dos años) fue su compañero de viaje, y hoy suma 109 visitas a Cuba. La primera fue a principios de los 80, cuando el país apenas comenzaba a abrirse al turismo internacional y los hoteles disponibles para canadienses se contaban con los dedos de una mano.

Por eso, cuando ella dice «nosotros» en esta entrevista, hay que entenderlo como un plural que aún guarda memoria. «Let’s get started», me escribe antes de empezar, con la modestia de quien pide disculpas por su inglés —es su tercera lengua— y la paciencia de quien ha vivido casi nueve décadas.

109 viajes son muchísimos. Cuando llegó por primera vez, ¿imaginaba que Cuba se convertiría en algo tan importante en su vida?

“Esos primeros viajes eran muy diferentes a lo que es hoy. Nos alojábamos en el Balneario del Sol, a una hora al este de Santiago de Cuba. Era el único hotel disponible para canadienses. Muy básico: habitaciones con dos camas individuales, ducha, lavabo y retrete. Las comidas eran siempre igual, día tras día. Los tragos costaban 55 centavos: ron con cola, cerveza. Todo se pagaba en dólares americanos. No se permitían propinas.

“Pero algo pasaba allí. Cuba ya tenía planes para construir más hoteles y estaba formando a su personal en ese pequeño Balneario. Con los años, nos hemos encontrado con empleados de aquella época que ahora ocupan puestos importantes en la cadena hotelera. Verlos crecer ha sido emocionante.

Usted ha dicho que «es la gente la que hace volver». ¿Puede contarnos alguna anécdota de cuando sintió que los cubanos la trataban como a una más de la familia?

“En general, los cubanos son muy amables, hospitalarios, tienen un gran sentido del humor, les encanta reír y compartir lo que tienen sin esperar nada a cambio. Te darían la camisa que llevan puesta si la necesitaras.

“Una vez alquilamos un coche en el hotel —algo que después fue posible— y nos aventuramos fuera de las carreteras principales. En un camino de tierra, en medio de campos, nos quedamos sin gasolina. Un hombre que trabajaba por allí se acercó a preguntar si podía ayudar. Nos dijo que no había estaciones de servicio cerca, pero que él podía conseguirnos algo de gasolina. Nos llevó a su casa, una vivienda cubana muy pequeña, mientras él iba a buscar el combustible. Su esposa nos ofreció refrescos, a nosotros, unos completos desconocidos. Con nuestro español limitado empezamos a conversar y enseguida nos estaban enseñando fotos de su numerosa familia.

“El hombre regresó al anochecer con una lata de gasolina. No quiso aceptar dinero. Nos dibujó un mapa para llegar a una estación de servicio. Quisimos marcharnos, pero la familia insistió en que nos quedáramos a dormir porque ya había oscurecido y era difícil orientarse en esa zona. Esa es la Cuba que yo conozco. Una vez que pasas tiempo en un hogar cubano, te conviertes en parte de su familia y tienes amigos para toda la vida.

Después de tantos años, ha visto a Cuba cambiar muchísimo. ¿Qué ha notado diferente en sus últimas visitas? ¿Y qué es lo que sigue igual de auténtico?

“Los cambios en el turismo son algo que nadie podría haber imaginado. Pasamos de hoteles cubanos muy básicos a los complejos turísticos más lujosos, operados por cadenas hoteleras internacionales de renombre. Eso mejoró la disponibilidad de alimentos y de casi todo.

“La introducción de las propinas fue bien recibida, pero algo importante: eso no cambió la forma en que el personal trata a los huéspedes. Con propina o sin ella, el servicio, la sonrisa amable y la atención son los mismos. Eso no ha cambiado.

Siempre viaja con Hola Sun Holidays, que incluso le hizo un recibimiento especial en su viaje número 109. ¿Qué es lo que más valora de ellos?

“En 1991 nació Hola Sun Holidays en Canadá. Es una empresa canadiense propiedad de Cuba. Desde el primer viaje que hicimos con ellos, en la ruta inaugural a Santiago, no hemos dejado de reservar con Hola Sun siempre que hemos podido. Son muy profesionales, amables y serviciales. Cualquier problema que hemos tenido lo resolvieron rápido y de forma satisfactoria.

“A diferencia de otros turoperadores, Hola Sun siempre tiene un empleado en el aeropuerto de Toronto que ayuda con el check-in. Un servicio muy apreciado. Al llegar al aeropuerto cubano, identificas fácilmente al representante de Hola Sun con su camisa azul, que te dirige y te ayuda a subir al autobús. Otro representante acompaña a la gente en el autobús hasta el hotel y durante el trayecto va señalando lugares interesantes y dando información útil sobre el hotel y las excursiones. Recomiendo muchísimo a todo el equipo, tanto canadiense como cubano, de Hola Sun Holidays.

La seguridad es algo que los viajeros canadienses valoran mucho. ¿Cree que Cuba sigue siendo un destino donde una mujer sola o una viajera mayor puede moverse con tranquilidad?

“La seguridad es muy importante cuando se viaja. Desde el principio, me sentí segura caminando por las calles de cualquier lugar de Cuba: La Habana, Santiago, Trinidad, Matanzas, Manzanillo. Incluso en la oscuridad de la noche. He estado en México, Panamá, Honduras, Colombia, República Dominicana, y en esos países no me sentiría segura ni siquiera para salir del complejo turístico, y mucho menos de noche.

Si tuviera que convencer a un amigo o vecino canadiense que nunca ha ido a Cuba para que se anime este año, ¿qué le diría?

“He recomendado viajar a Cuba a muchos amigos y familiares. A menudo recibo llamadas de personas que están pensando en ir. Siempre les pregunto qué tipo de vacaciones quieren: playa, cultura cubana, historia. Según eso, les aconsejo lo mejor que sé por mi experiencia. La mayoría se han convertido en viajeros habituales. Vuelven una y otra vez.

Tras 109 viajes, seguro que tiene amigos cubanos repartidos por toda la isla. ¿Hay alguien en especial al que siempre salude cuando llega?

“He viajado de norte a sur y de este a oeste. Me he alojado desde pequeños hoteles cubanos hasta complejos de lujo y casas particulares. Eso me ha dado muchos amigos verdaderos para toda la vida, tanto entre personas de alto rango como entre la gente corriente. Hay tantos que no quiero mencionar a nadie en concreto. Los quiero a todos y me siento privilegiada de poder llamarlos amigos.

Después de la entrevista, Ursula me escribe un último mensaje. Me dice que disculpe si algo no se entiende bien, que el inglés es su tercera lengua. Sonrío y le pregunto ¿cuándo volverá? “si la salud lo permite, regresaré a Cuba tan pronto como sea posible. Me encantaría ir a la zona de Trinidad”. Y es que a ella se le entiende perfecto porque habla un lenguaje universal, el del amor.

Esta entrevista fue originalmente publicada en la edición no.319 de TTC dedicada a FITCuba 2026

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