Especial TTC – Tendencias de viajes: una mirada crítica al «volunturismo»


Por: José Luis Perelló

La modalidad conocida como volunturismo (voluntariado y turismo) hace referencia a aquellos viajes breves en los que se realiza algún tipo de trabajo de cooperación, especialmente en destinos del Sur global.

Es un concepto relativamente nuevo que combina los sectores sin ánimo de lucro y turísticos. El volunturismo surge a partir de los años 90 como una variante del voluntariado internacional y del ecoturismo. Consiste en hacer turismo durante unas semanas por una región empobrecida y aprovechar parte del tiempo en estos lugares para realizar alguna actividad de «cooperación al desarrollo» que permita a su vez mejorar el nivel de vida en los países destino. Además de esto, también se suelen llevar a cabo aventuras u otras actividades turísticas.

El volunturismo se ha convertido en una de las tendencias de viaje más populares entre quienes buscan experiencias con propósito. Más allá de conocer destinos turísticos, esta modalidad permite a los viajeros participar en proyectos sociales, ambientales o educativos que generan un impacto positivo en las comunidades locales.

Está concebido como una forma de turismo responsable en la que los viajeros dedican parte de su tiempo a realizar actividades de voluntariado durante sus viajes. Estas iniciativas pueden estar relacionadas con educación, conservación ambiental, salud comunitaria, construcción de viviendas o desarrollo social.

La principal diferencia con el turismo tradicional es que el visitante no solo consume experiencias, sino que también participa activamente en proyectos que benefician a la comunidad anfitriona.

Este tipo de viajes busca generar un equilibrio entre la experiencia turística y el apoyo social, promoviendo una conexión más auténtica entre los viajeros y los habitantes locales.

Actualmente, miles de personas alrededor del mundo optan por combinar vacaciones con acciones solidarias, contribuyendo al desarrollo sostenible y al intercambio cultural.

A simple vista, parece una actividad beneficiosa para ambas partes. Por un lado, los lugares de destino se benefician de la ayuda que les proporcionan los turistas extranjeros y que contribuye a mejorar en algún aspecto el nivel de vida local. En segundo lugar, ofrece un beneficio económico para las empresas organizadoras que cobran por el servicio a los clientes. Finalmente, para estos últimos supone una ocasión para viajar al tiempo que «ayudan a los pobres» y viven «una experiencia única» que les permite «marcar la diferencia».

Ciertamente los volunturistas pueden participar directamente en proyectos comunitarios, lo que les permite conocer la realidad local y convivir con las personas del lugar. Esto genera un intercambio cultural enriquecedor y experiencias más auténticas. El volunturismo está estrechamente relacionado con el turismo sostenible, ya que promueve prácticas responsables que buscan minimizar el impacto ambiental y fortalecer las economías locales.

Aunque el volunturismo tiene numerosos beneficios, también existen debates sobre la importancia de realizarlo de manera ética y responsable. Expertos recomiendan elegir organizaciones transparentes y proyectos que realmente respondan a las necesidades de las comunidades locales. Un programa de volunturismo responsable debe priorizar el bienestar de la población anfitriona y promover soluciones sostenibles a largo plazo.

No obstante, esta práctica ha recibido numerosas críticas. Según varios expertos en sociología y humanidades esta actividad, a pesar de su apariencia filantrópica, supone para las empresas organizadoras de viajes una oportunidad para obtener beneficios a cambio de ofrecer a sus clientes «una experiencia que le cambie la vida, que tenga una aventura y que haga algo bueno» que, además, no sólo no ayudaría en nada a las comunidades locales sino que además les supondría otros perjuicios.

Las historias que cuentan los volunturistas cuando vuelven a su país de origen o las imágenes y archivos que suben a sus redes sociales a menudo reproducen dicotomías como pobre/rico, primer mundo/tercer mundo, blanco/negro. De esta manera, no sólo fracasan a la hora de empatizar con las personas a quienes tratan de ayudar, sino que incluso «refuerzan estereotipos negativos e incluso racistas».

Una de las críticas más habituales al volunturismo es que en su práctica se reproducen dinámicas coloniales. Dado que el volunturismo se presenta como una actividad despolitizada que sólo pretende «asistir y salvaguardar a los desfavorecidos», sirve para «resucitar la nostalgia imperialista y colonialista». Esto es así porque el volunturismo difunde la imagen de los países en vías de desarrollo como países «atormentados, abusados y devastados», mientras que los países desarrollados actúan como «salvadores que los rescatan». El aura colonial es especialmente relevante en el caso del continente africano y en muchos países de Latinoamérica y el Caribe, ya que se crea «otra capa de dependencia entre este mundo desarrollado y aquel en desarrollo».

El volunturismo ha sido relacionado directamente con la ideología neoliberal. Es una actividad que corre a cargo de empresas privadas y se refiere al sentimiento de bondad liberal que articulan los «derechos humanos». De este modo, está sustituyendo iniciativas gubernamentales con instituciones privadas dirigidas a la obtención del máximo beneficio económico posible.

Por otra parte, el turismo de voluntariado es una manera de generar nuevas subjetividades de carácter individualista. Así, la falta de estructuras gubernamentales es suplida mediante la «caridad» ejercida por las celebridades. El neoliberalismo crea, de esta manera, «estas figuras contradictorias pero benevolentes que se aprovechan a la vez del sistema que crea las injusticias, la celebridad caritativa, el CEO generoso y el volunturista».

Por ello, antes de participar, es importante investigar la organización, conocer el impacto del proyecto y asegurarse de que la experiencia sea beneficiosa para todas las partes involucradas. Ya sea colaborando en proyectos ambientales, educativos o sociales, el turismo de voluntariado ofrece la oportunidad de descubrir el mundo real mientras se ayuda a quienes más lo necesitan. Sin duda, se trata de una tendencia que continúa creciendo entre los viajeros de buena voluntad que buscan un turismo más humano, responsable y sostenible.

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