Especial TTC: Tendencias de los viajes de interés cultural, el turismo oscuro


Por: José Luis Perelló

El turismo ha adoptado muchas formas a lo largo de los últimos años, desde relajantes vacaciones de lujo en playas paradisíacas hasta emocionantes aventuras en montañas escarpadas o senderos en medio de escenarios naturales en áreas protegidas. Sin embargo, un tipo de turismo que continúa captando la imaginación de muchos es el «turismo oscuro». Este fenómeno se caracteriza por el interés de visitar lugares asociados con la muerte, el sufrimiento y los desastres naturales.

Diversos destinos en los que ocurrieron desastres naturales, campos de concentración, antiguas prisiones, cementerios, y lugares asociados con genocidios, han llamado la atención de aquellos que desean descubrir y explorar la oscuridad de la historia humana; desde los que buscan emociones intensas hasta aquellos que indagan una comprensión más profunda de los hechos.

Este tipo de turismo tiene raíces profundas en la historia y en la cultura humana, en que puede presumirse que las primeras manifestaciones del turismo oscuro fueron las peregrinaciones religiosas, donde se buscaba el conectarse con el sacrificio y el sufrimiento; los espectáculos públicos de ejecución; los campos de batalla y los memoriales de guerra, lugares que permiten reflexionar sobre los horrores ocurridos, así como rendir homenaje a las víctimas.

El «tanatoturismo o turismo oscuro» se ha convertido en una oportunidad para el sector turístico enfocado a este segmento de turistas. Esta modalidad, dentro del turismo cultural dirigiéndose a los nichos de «turismo de patrimonio» y «turismo educativo» está siendo aprovechada por numerosas empresas en la actualidad, ofreciendo diferentes actividades y tours para mostrar a los visitantes el evento memorable o trágico ocurrido en un sitio, añadiendo valor al mismo.

Muchos turistas visitan estos lugares para homenajear a las víctimas, movidos a su vez por la curiosidad de conocer la historia humana, lo que ocurrió en ese enclave histórico, y poder visitar el lugar exacto donde ocurrió un evento trágico o memorable, alcanzando así una comprensión más profunda de los acontecimientos ocurridos en el lugar que se está visitando, y buscar emociones y experiencias fuera de lo común.

Una gran parte de los destinos han desarrollado una mejora de la accesibilidad y una oferta turística comercializable para fomentar el turismo oscuro y que puedan ser lugares visitables.

Sobre los datos económicos en este tipo de turismo, Future Market Intelligence indicó que el mercado mundial del turismo oscuro estaba valorado en 30 billones de dólares y que prevé que alcance los 36.5 billones de dólares para el 2032; por lo que puede revelarse como un dinamizador económico y una palanca de regeneración por los territorios y destinos.

En cuanto a las aplicaciones móviles, estas también desempeñan un papel importante en el turismo oscuro: la realidad aumentada, por ejemplo, se utiliza para proporcionar información sobre los sitios históricos, y posibilita reconstruir digitalmente cómo eran esos lugares en el pasado, además de crear experiencias inmersivas como modo de «revivir» el lugar visitado.

El uso de la realidad virtual en este tipo de turismo está relacionada con un aumento de la demanda de esta actividad lo que ha permitido acondicionar hoteles, museos, plazoletas y tours que representan una realidad virtual, pues con efectos especiales, sonidos, olores y demás aditivos a los sentidos hacen que sus huéspedes y visitantes se puedan sentir como parte de la tragedia o el desastre.

Recorridos de fantasmas, hoteles embrujados y monumentos conmemorativos: estos son algunos ejemplos de lugares que, según Hilary Becker, investigador de la Universidad de Carleton en Canadá; forman parte de un sector turístico denominado «turismo oscuro»: la práctica de viajar a sitios asociados con la muerte, el sufrimiento y lo macabro. Aunque el término evoca imágenes de lugares tenebrosos, abarca un amplio espectro de sitios. Desde los más oscuros, como los campos de concentración y los monumentos conmemorativos del genocidio, hasta los que combinan elementos de misterio y oscuridad, como las tumbas de celebridades y los recorridos sobre vampiros.

El doctor Becker cita como ejemplo a Nueva Orleans, que lo describe como un «epicentro del turismo oscuro y luminoso». Más de 60 empresas turísticas ofrecen unas cien experiencias temáticas, desde cementerios y tiendas de vudú hasta bares clandestinos de vampiros y recorridos sobre crímenes reales. Estas empresas desempeñan un papel fundamental en el sector turístico de Nueva Orleans. La ciudad recibe más de diez millones de visitantes cada año, generando unos diez mil millones de dólares en ingresos y sustentando unos 98.000 empleos en el sector turístico.

El turismo oscuro plantea cuestiones complejas y provoca debates sobre la ética del turista, la responsabilidad de los gobiernos y las comunidades, en cuanto a la gestión y promoción de estos sitios, y, sobre todo, la moralidad de quienes eligen participar en estas experiencias. En este sentido, deben de implementarse procedimientos locales y políticas para gestionar el turismo oscuro a la hora de recibir visitantes. También el gobierno debe participar en la preservación del patrimonio de los sitios turísticos oscuros; pues los escenarios donde ocurrieron eventos trágicos dentro de una historia pasada, son patrimoniales.

Este tipo de turismo puede llegar a ayudar al desarrollo económico de lugares en el que se hayan dado acontecimientos históricos, como teatros de guerra, campos de concentración y lugares de desastres naturales, tal y como se menciona deben de ser respetados y no convertidos en espectáculos o atracciones impulsadas por el lucro. Para ello, se necesitan políticas que respeten la dignidad de las víctimas y que conmuevan la conciencia sobre los trágicos acontecimientos ocurridos en el lugar que se está visitando.

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