Especial TTC: Parque Nacional «La Tigra», un santuario de naturaleza en Honduras


Por: José Luis Perelló

El turismo de naturaleza y aventura, sigue cobrando gran importancia a nivel mundial entre segmentos del mercado que buscan la integración armónica de factores sociales, culturales y ambientales para el beneficio de las regiones en las que se desenvuelve. En este quehacer, diferentes territorios en Centroamérica basan una parte importante de su desarrollo en la promoción del turismo de naturaleza, teniendo en cuenta que genera beneficios de alto impacto sobre las comunidades locales, especialmente en aquellas en vías de desarrollo.

La región centroamericana, con su impresionante diversidad natural y cultural, alberga una variedad de parques naturales y áreas protegidas que resguardan su riqueza ecológica y patrimonio cultural. Estas áreas protegidas se extienden a lo largo y ancho de extensos territorios, contribuyendo a la conservación de ecosistemas únicos y proporcionando espacios para el disfrute turístico y el estudio de la naturaleza.

En esta extensa geografía, la biodiversidad de Honduras se destaca en una armonía de ambientes y paisajes impensados, en monos, venados y perezosos, entre otros animales que habitan estas prodigiosas tierras, con más de 7.500 especies de flora y fauna, acuarios y viveros, y un sinfín de escenarios tan bellos como únicos.

Entre las reservas ecológicas que atesora Honduras, destacan el Parque Nacional Azul Meambar, entre los departamentos de Cortés y Comayagua, Celaque, un gran parque que se ubica en su mayor parte en Lempira, y que alberga uno de los bosques nublados más increíbles del país, o Cuero y Salado, refugio de vida silvestre de primer nivel, donde conviven colonias de monos aulladores y cara blanca, entre otros animales. También Pico Bonito, otra zona montañosa que complementa un inventario de todas las bellezas naturales con las que cuenta Honduras, un país de tanto atractivo que bien puede estar a un mismo nivel de calidad y belleza que muchos destinos exclusivos del mundo.

De especial significación, el Parque Nacional La Tigra (PNLT) es un área de conservación de ecosistemas montañosos que juega un papel crucial en el suministro de agua, proporcionando alrededor del 30 % de las necesidades hídricas de Tegucigalpa y cubriendo el 100% de las comunidades aledañas, localizado en el departamento Francisco Morazán y está conformado por un bosque nuboso de 2.270 metros de altura y cuenta con dos centros educativos, y cantidad de senderos que recorrer.

La Tigra fue declarado oficialmente como Parque Nacional el 1 de enero de 1980 mediante el Decreto No. 976-80, convirtiéndose en el primer parque nacional de Honduras. Sin embargo, la historia de protección del área data de mucho antes, cuando en la década de 1920 se reconoció su valor hídrico, ya que abastecía a Tegucigalpa y las comunidades cercanas. Antes de ser protegido, la zona fue severamente afectada por actividades de explotación forestal vinculadas a la mina El Rosario, una importante operación minera a principios del siglo XX, que aceleró la deforestación del área.

El área del parque abarca tierras distribuidas en cuatro diferentes zonas: Distrito Central, Valle de Ángeles, Santa Lucía y Cantarranas. Este parque es hogar de una rica biodiversidad, con más de 200 especies de aves y varios mamíferos, como pumas y tigrillos, dentro de una extensión de 24,040 hectáreas de bosque nublado, consolidándose como un referente en la conservación ecológica del por sus importantes recursos naturales.

Este bosque nublado ofrece varias formas de ocio y aventura, contando con ocho senderos, con diferentes grados de dificultad, que recorren los 240 km2 siempre verdes y húmedos del parque. Aquí vive la joya alada del istmo, el quetzal, que puede encontrarse siempre entre la neblina, con la suficiente paciencia y fortuna. También se observan tucanes y gavilanes, felinos como tigrillos, pumas y yaguarondis, y varias clases de anfibios y reptiles.

Las paredes y el techo de este gran refugio biodiverso los ponen los pinos, liquidámbares y otras especies de árboles, generalmente cubiertos de musgos y, más a ras de suelo, hay plantas, entre ellas seis clases de helechos en peligro de extinción. La impresionante variedad de insectos, entre ellos muchos que no se han visto en la región, es otra riqueza del parque que se pueden encontrar junto a los colores del quetzal, la mariposa azul o los tigrillos, y descubrir la dimensión que toma aquí la palabra «vida».

En este entorno, una de las tipologías turísticas con mayor potencial para el desarrollo turístico es el ecoturismo, identificado así por los enormes recursos naturales entre valles, selvas, ríos, llanuras, montañas y gran diversidad de fauna y flora como muestra de una inmensa complejidad medioambiental que ahora se configura como una oportunidad a través de las áreas protegidas y los parques nacionales naturales. Consecuentemente, el turismo de naturaleza es reconocido como un factor de desarrollo sostenible en la medida en que respete el patrimonio natural y cultural y a la población local.

En la entrada principal existe un Centro de Información al visitante, donde se facilitan planos para saber por cuáles senderos se puede caminar y a la vez se proporciona la compañía de un guía. El terreno que abarca La Tigra es muy extenso; en él se puede acampar previa autorización de las autoridades del parque.

El Parque Nacional La Tigra recibe unos veinte mil visitantes al año, de los cuales, 60% son por turismo interno, 22% son visitas de norteamericanos y el resto procedentes de Europa, Asia, América Central y Sur América.

El Parque Nacional La Tigra (PNLT) con una altura máxima de 2.290 m.s.n.m. posee una extensión de casi 25 mil hectáreas, de las cuales el 68.51 % corresponden a la zona de amortiguamiento y las restantes a la zona núcleo; es un área de conservación de ecosistemas montañosos y es hogar de una rica biodiversidad, con más de 200 especies de aves y varios mamíferos, dentro de su extensión de bosque nublado.

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