
Tras la toma de La Habana por los ingleses en 1762, el alto mando español emprendió la construcción de diversas fortificaciones con el objetivo de reforzar aún más la protección de la ciudad. En el área escogida, específicamente en la Loma de Soto, al fondo de la bahía habanera, se erigiría el Castillo de Atarés, con la intención de resguardar y defender los caminos que comunicaban a la villa con los campos aledaños.
En los registros consta que el propietario de los terrenos, Agustín de Sotolongo —de ahí el nombre de la loma— los cedió gratuitamente y se comenzó la construcción de la obra en 1763, según los planos del ingeniero belga Agustín Cramer.
Cuatro años después, en 1767, la obra fue inaugurada por don Ambrosio Funes de Villalpando, Conde de Ricla y Capitán General de la Isla en ese momento, y precisamente el castillo toma el nombre de sus padres, quienes eran los condes de Atarés.
Sin embargo, incluso después de construida esta fortaleza, todavía se evidenciaban carencias en la defensa de La Habana. El nuevo castillo fortificado no presentaba ninguna característica innovadora con respecto a sus similares de aquella época. Con forma de hexágono regular, un foso externo dificultaba el acceso para los hipotéticos invasores, en el interior un cuartel, aljibe y varios almacenes de provisiones junto al arsenal y las oficinas conformaban el total de las estancias de la instalación militar.
Por su ubicación, al fondo de la bahía de La Habana, la función del fuerte estaba limitada a disparar sus baterías sobre aquellas fuerzas que superasen los bastiones en la entrada del puerto. Además, paralelo a esta labor activa como soporte ante una eventual invasión, el fuerte servía de alojamiento para las tropas encargadas de responder a dicho ataque, y como atalaya gracias a su altura sobre el nivel del mar, que le permitía disparar a cualquier objetivo en 360 grados.
Con el paso del tiempo, el castillo de Atarés terminaría dando nombre a la barriada circundante. En la segunda mitad del siglo XIX fue reconstruido y su guarnición mejorada a 90 hombres y 26 piezas de artillería. Mas tarde, durante la época republicana, la edificación fue escenario de acciones represivas contra los levantamientos populares de la isla caribeña.

En 2019, con motivo del aniversario 500 de la fundación de la villa de San Cristóbal de La Habana, y por su altísimo valor patrimonial, histórico y arquitectónico, esta antigua fortificación fue restaurada, y sus edificaciones y galerías retomaron el esplendor de antaño. Desde allí, el visitante podrá apreciar una preciosa vista de la ciudad; de manera que quienes se encuentren de paso por la capital cubana no deben prescindir de este remozado castillo en su lista de fortificaciones habaneras desde donde apreciar una ciudad llena de historia.
(Con información de Cubadebate, Tribuna de La Habana y del historiador Ciro Bianchi,)
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