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Una Plaza Vieja que luce como nueva

Una Plaza Vieja que luce como nueva

Foto: Cortesía Ministerio de Turismo de Cuba

Espacio preferido por quienes recorren la antigua Habana es la Plaza Vieja. Otrora sitio fundamental del comercio y área residencial hasta el siglo XVIII, hoy, gracias a un exquisito trabajo de restauración exhibe una imagen mejorada pero similar a la que lucía desde que abrió sus espacios al mundo en 1587 y poco después, en sus años de esplendor .

Su encanto es vital para animar a esa señora que casi cumple 500 años.

Circundada por las antiguas residencias de los condes de Lombillo y de Jaruco, el Planetario Astronómico, la Cámara Oscura, la Factoría de cervezas y maltas Plaza Vieja, el Café Escorial y la Taberna Benny Moré, este sitio fundamental de la historia habanera forma parte de los programas de excursiones de agencias de viajes, de paseos familiares y escolares, como eslabón primordial de la memoria colectiva de quienes aman a esta capital.

Colinda con varias de las calles más populares de la zona: San Ignacio, Mercaderes,

Para los historiadores, la inicialmente llamada Plaza Nueva fue el primer intento planificado de ampliación de la ciudad en la etapa colonial. Cambió su nombre por el actual tras la inauguración de la plaza de la Iglesia del Cristo en 1640.

A lo largo y ancho de sus cuatro calles se extendía el mercado que antecedía a las viviendas.

Una Plaza Vieja que luce como nueva

La Plaza en el siglo XIX. Foto: tomada del sitio web de Habana Radio

La fuente que actualmente se observa en la plaza, es una reproducción de la original, construida en el siglo XVIII para abastecer de agua a sus habitantes. También por esa época la ya Plaza Vieja comenzó a cambiar y a ganar elegancia. Los edificios de los alrededores mostraban el rango y abolengo de sus propietarios, y nacieron las casas de dos plantas con grandes portales, galerías y balcones, que permitieron el disfrute de actividades festivas como corridas de toro, mascaradas, celebraciones cívicas, actos solemnes y procesiones religiosas.

Plaza cultural de élite

Resulta interesante resaltar que en 1824 en la casa de San Ignacio se fundó la Sociedad Filarmónica, primera sociedad exclusiva de recreo de La Habana, la cual organizaba bailes en los que participaban las familias más ricas de la ciudad.

Este inmueble fue construido entre 1796 y 1802 por las hermanas Cárdenas, hijas del Marqués de Cárdenas de Montehermoso. La vivienda representa el hábito de la aristocracia habanera de hacer una vida de salón. La Sociedad Filarmónica reorganizó y amplió los espacios interiores de la vivienda de las Cárdenas, pero la huella de la distribución original de las habitaciones del piso principal se conserva en la pintura mural rescatada por la restauración.

Tránsito a la modernidad

El actual Hotel Palacio Cueto ocupa un edifico que se construyó para almacén y fábrica de sombreros entre 1905 y 1908 y que en su momento fue toda una novedad arquitectónica.

Su dueño, el español Ramón López, celebró en este inmueble la llegada a La Habana del primer buque escuela español que visitara Cuba después de terminada la guerra de independencia en 1898, el Nautilus.

Posteriormente fue una farmacia, y en los años 20, José Cueto, la alquiló y la convirtió en el hotel Palacio Viena.

Durante el mandato del Capitán General Miguel Tacón (1836-1838) con el fin de mejorar la imagen de la Plaza Vieja se construyó el edificio del Mercado de Cristina- en honor a la reina regente-, que concentró esa función en su interior con mayor orden, aunque limitó el espacio abierto del lugar.

En 1908 el mercado fue demolido y en el espacio abierto de la antigua plaza se trazó el parque arbolado Juan Bruno Zayas, en recordación al memorable médico cubano.

Sin embargo, durante la etapa republicana la plaza perdió el encanto con que fue creada. Las antiguas mansiones señoriales comenzaron a subdividirse y deteriorarse; mientras que los más antiguos edificios se demolieron y fueron sustituidos por otros más modernos convertidos en oficinas.

Una Plaza Vieja que luce como nueva

Foto: tomada del sitio web de Habana Radio. Foto: cortesía del Mintur

En 1952 se construyó en su espacio un parqueo soterrado para autos activo hasta la década del ’90, cuando fue demolido y comenzó la restauración desarrollada por la Oficina del Hostigador de la Ciudad que devolvió la fuente, la magia, y el alma a la Plaza Vieja.

Ahora se puede imaginar con claridad cómo fue la Plaza de entonces, cuando la naciente ciudad necesitó un centro comercial. También observar la evolución de su arquitectura, los inigualables balcones con sus vitrales, la calle empedrada, los portales anchos dispuestos para el visitante.

Una Plaza Vieja que luce como nueva

Actualmente varias esculturas interactúan con los transeúntes. Se destacan entre ellas las esculturas de 1,80 metros de alto del perro Xico, símbolo de la cultura mexicana.

Los resultados de búsqueda de Google, dan cuenta de que las personas suelen pasar, como promedio, de 25 minutos a 1 hora y media en el lugar, muestra de un marcado interés por conocerlo; y le otorga 4.6 estrellas basado en las valoraciones de las reseñas de los turistas, quienes elogian su patrimonio, lugares atractivos, sus espacios gastronómicos. Lo recomiendan para tomar fotos y como visita obligada al paso por la capital de Cuba.

Se puede apreciar una vista panorámica, en vivo, de la ciudad, desde la Cámara Oscura, o aplacar el calor con una exquisita cerveza artesanal, conocer sobre arte, fotografía, tomar un café.

En fin, disfrutar de La Habana de hoy y la de ayer, tocar y sentir su pasado, escuchar los secretos que una vieja plaza tiene para contar.

Fuentes: Habana Radio y Ecured

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