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¡Un brindis sí, pero con ron de Cuba!

Un tour por la historia del ron cubano

Los maestros roneros cubanos brindan por la eterna salud de ese preciado símbolo de la isla caribeña. Foto tomada durante el IV Coloquio Internacional Científico Técnico del Ron Ligero. Archivo TTC

Degustar un excelente ron cubano es un afrodisíaco ritual, por demás, una exaltación del orgullo nacional. Su historia forma parte inseparable de la de Cuba; desde el propio nacimiento de la industria azucarera se comenzó a producir aguardientes. Entre los siglos XVIII y XIX aparece el genuino ron de la Isla, en constante evolución desde entonces.

A reserva de que los estudiosos afirman que el origen del primer ron en el mundo sigue siendo un misterio, la historia del ron en Cuba se remonta al segundo viaje a América de Cristóbal Colón, quien trajo los primeros plantones de caña de azúcar, procedentes de Islas Canarias, cuyas raíces prendieron en la fértil tierra y microclima cubano.

Como antecedentes del ron actual, se conoce que los indígenas descubrieron el sabor del dulce jugo de la caña –hoy conocido como guarapo–; que los marineros solían elaborar una suerte de zumo fermentado denominado “tafia”; y que los esclavos acostumbraban a extraerle el jugo a la caña de azúcar, que una vez fermentado originaba un licor fuerte.

Poco a poco, quedaron atrás los rudimentarios aparatos y la calidad del licor fue mejorando con la aparición del trapiche y las refinerías; la introducción de alambiques de cobre y los primeros intentos envejecimiento, a partir de 1800; así como, en la segunda mitad del siglo XIX, la producción de un ron más ligero y refinado, conocido como “ron superior”, una bebida más depurada y competente, predecesora del ron de nuestros días: ligero, suave, delicado y seco, cuya popularidad fue tal que en 1860 ya había más de mil destilerías en Cuba.

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La ronera Arrechabala es símbolo de la ciudad de Cárdenas. Foto: TTC

De entonces acá, han surgido paulatinamente en el país numerosas destilerías a lo largo de la Isla; sobresalen en el tiempo las de Santiago de Cuba ( territorio considerado la cuna del ron ligero), Cárdenas, Sagua la Grande, Cienfuegos, Santa Cruz del Norte, Santo Domingo, San José de las Lajas y La Habana.

En consecuencia, múltiples marcas se han originado, de las cuales las más famosas han sido: Bacardí —instituida en Santiago de Cuba, en 1862, por el español Facundo Bacardí, fue líder hasta mediados de la pasada centuria— y Havana Club: originada en la destilería del vizcaíno José Arechabala, fundada en Cárdenas en l878, luego de resurgir en 1993 es actualmente la más conocida en Cuba y el mundo, y se presenta bajo la firma franco-cubana Havana Club International S.A., empresa mixta de la Empresa Cubana Cuba Ron S.A. y el Grupo Francés Pernod Ricard.

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Asimismo, han cubierto espacios importantes en el mercado otras marcas no menos importantes: Legendario, Varadero, Mulata, Caney, Arecha, Cubay, Bocoy, Castillo, Santero…

Figuras y secretos confluyen para lograr uno de los mejores rones del mundo: las condiciones climáticas naturales de Cuba que garantizan una excelente miel de caña, materia prima fundamental; los avances tecnológicos, el arte del oficio transmitido ininterrumpidamente por generaciones y defendido como patrimonio propio, así como la experiencia y pericia de los maestros roneros, quienes supervisan cada etapa del proceso de elaboración hasta llegar a la mezcla final.

Tal tradición ha generado una cultura de esta industria; no es casual, por tanto, que entre los 15 mejores tragos del mundo hayan tres cocteles cubanos: el Daiquirí, el Mojito y el Cubalibre… ¡un brindis sí, pero con ron de Cuba!

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