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Turismo: ¿Quién tiene miedo de la “sharing economy”?

Turismo: ¿Quién tiene miedo de la "sharing economy"?

Un número creciente de personas propone compartir temporalmente con los turistas lo que poseen. Foto: gearpatrol.com

Por F. Martin

TTC Service.- La “Sharing Economy” o “consumo colaborativo”, como se ha bautizado en español, es ciertamente un nuevo concepto, pero, si se permite, tan viejo como la humanidad.

En términos generales, la base de esta práctica es el contacto directo que Internet permite entre un individuo y otro, no importa cuán lejos estén, para acordar unas vacaciones buenas y baratas.

Algunos especialistas creen que estas aventuras empresariales han surgido por la existencia y desarrollo de la Internet y por el mundo globalizado en el que vivimos. Otros aseguran que, pese a ello, es un concepto muy antiguo como el mismo comercio, que se ha desplegado en el sector turístico universal con mucha fuerza.

En otras palabras, usted quiere pasar unas vacaciones en las antípodas de su ciudad o residencia “sufriendo” los gastos menores posibles, pues proceda a sentarse en su propia habitación con su PC delante y busque quien ofrece alojamiento digamos en Australia. Y no solo hospedaje, sino también transporte y gastronomía. Su anfitrión ofrecerá todo.

Esta práctica que poco a poco se generaliza, asusta a ciertas instituciones. Los servicios de turismo han sido tradicionalmente proporcionados por empresas de hoteles, taxis u operadores de viajes, apoyados por privados y por los estados.

Lo dicho. Un número creciente de personas propone compartir temporalmente con los turistas lo que poseen: por ejemplo, la casa o el auto o lo que son capaces de producir, como comidas y excursiones. Se ha bautizado la práctica  como “consumo colaborativo” exaltando su parte de intercambio entre individuos.

Esto no se limita al turismo y se puede encontrar en muchos ámbitos de la actividad social y económica universal aunque la industria del ocio ha sido una de las más “afectadas”. Son ya muy conocidas las Uber, Airbnb y varias otras empresas que han adoptado la modalidad de la economía del compartir y de competir con las grandes empresas. Ellas mismas ya son enormes.

En un artículo reciente, Hugh Riley, Secretario General de la Organización de Turismo del Caribe, escribió que, de acuerdo con la entidad los hospedajes que “se comparten” están creciendo cada día. Según Riley, en febrero de 2016, Airbnb reportó más de 25.000 listados suyos en el Caribe. A principios de 2015, Cuba fue añadida a los inventarios de Airbnb y en marzo de 2016 había más de 1.000 anuncios.
En Aruba entre diciembre de 2014 y diciembre de 2015, el número de visitantes que utilizaron los alojamientos no tradicionales, o sea viviendas particulares, apartamentos, villas y condominios pasaron de 24% a 33%.

El número de noches de visitantes aumentó del 27% del total a un 32%. En 2015 en Santa Lucía, más de 900 noches por mes estaban reservadas por Airbnb, empresa que tiene un pronóstico de crecimiento del 17 por ciento anual en esa isla.

“Es evidente que la “sharing economy” ha desarrollado nuevas oportunidades micro empresariales para fichar a más personas en la industria del turismo y ampliar el alcance geográfico de las opciones para el viajero”, según explicó Riley en su artículo.

Opinó que ello “tiene el potencial de beneficiar a todos”. Sin embargo, advirtió, el impacto global sobre los hoteles tradicionales está aún por determinar. Informes publicados en 2016 por Goldman Sachs y Smith Travel Research indicaron resultados mixtos. STR sugirió que ocurrió poco impacto, mientras que el informe de Goldman Sachs revela que fue en realidad un impacto negativo.

El Secretario General de la CHTA advirtió además que los debates en torno a Airbnb y Uber “indican que la tecnología y el comercio se han desarrollado más rápidamente que la legislación”. “En consecuencia, las agencias de viajes y las autoridades se enfrentan a varios retos porque los modelos de negocio y regulatorios tradicionales están desapareciendo ante nuestros ojos.”, afirmó.

“Ahora estamos empezando a tomar medidas ya entendemos que tenemos que ser más flexibles, por lo que los espacios de trabajo, habitaciones de hotel y coches de alquiler se están haciendo disponibles de manera más oportuna y, en esencia, cada vez más “compartibles”.

Y el pronóstico es que la sharing economy dará lugar a nuevos mercados, nuevos procesos de reserva, nuevas asociaciones y nuevas conexiones para aquellos que son lo suficientemente inteligentes como para abrazarla.

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