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Habana y Habanos, una relación histórica

Habana y Habanos, una relación histórica

Foto: cortesía Habanos S.A.

Cinco siglos cumple la capital cubana, y al contar sobre ella se habla siempre del tabaco, imprescindible en la historia nacional, raíz, identidad; hoy, Habano, puro, cuban cigar, universalmente conocido bajo diferentes marcas y mixturas, pero siempre único.

Entonces no queda duda de que esta vez la historia del tabaco se impone y llegó durante el XXI Festival Internacional del Habano, a modo de conferencia magistralmente ofrecida por el Historiador de La Habana, Doctor Eusebio Leal Spengler, quien disertó acerca de “lo que considero es el reducto de la más cualificada de las producciones cubanas, y una de las más importantes del mundo, que tiene que ver tanto con la dimensión como con la excelencia. Tan importante en el mundo porque tiene que ver con algo que fascina y al mismo tiempo es combatido por diversas personas y, sin embargo, se impone como una cultura (…) la que envuelve el universo del Habano, al cual nosotros le llamamos tabaco porque nos referimos a lo esencial del tema más que al nombre que le dio esta ciudad, que el próximo 15 de noviembre conmemorará el 500 aniversario, de una ceremonia que ignoramos cómo fue, imaginamos cómo debió ser pero que, extraviados sus documentos por un incendio probablemente y no por descuido de los señores capitulares y los vecinos de La Habana, queda en la memoria de los que hoy vivimos como un acto que debió ocurrir al pie de un árbol, según dicen las crónicas”.

Cuenta el experto –quien considera el arte de fumar como un deleite y no un vicio– cómo los conquistadores describieron a “hombres llevando un tizón encendido en la boca, lo cual parecía engendro diabólico”.

Habana y Habanos, una relación histórica

Foto: TTC

Refirió que en tierras cercanas geográfica e históricamente como República Dominicana se conservan también rastros de la existencia antigua del tabaco: “en las colecciones he visto los inhaladores a través de los cuales absorbían el azul humo del tabaco y caían en estado alucinatorio los behíques y sacerdotes como para poder predecir, con acierto o no, el presente, el pasado y el futuro”.

Recordó que, antaño, las fábricas no podían ser visitadas turísticamente porque las casas productoras guardaban el misterio de esa producción y se elaboraban todo tipo de leyendas a partir de lo que ocurría allí.

Eusebio Leal subrayó que en la actual provincia de Pinar del Río, en el occidente del país, que en la época de la colonia llamábase Nueva Filipinas, y los territorios que le siguieron, pasando por La Habana y hasta Cabaiguán, en el centro, “ese arco que marca el equilibrio del centro de la Isla hacia occidente produjo las vegas más espléndidas que una vez dieron nombre a los pueblos que circunvalan la ciudad de La Habana: de ahí, Santiago de las Vegas, San Antonio, Güira, Alquízar o Calabazar; en todos esos lugares habían plantaciones de muy bella hoja”.

“En un lugar que conservamos hoy primorosamente, la Quinta de los Molinos, donde se había represado el torrente de las aguas, hemos encontrado las grandes tahonas en que se molía la hoja para convertirla en el polvo o rapé, que provocó un arte que es propio de la colección en todas partes del mundo; en Viena, por ejemplo, en el Museo del Tabaco, o en las colecciones más bellas del Museo Lázaro Galdiano, en Madrid, y en otros sitios: las preciosas tabaqueras, algunas de ellas de oro, que regalaban los reyes, donde podían, entre esmaltes y a veces piedras preciosas, ofrecerse un poco de rapé”.

No cabe la más mínima duda que el tabaco en Cuba es hijo de la libertad, aseveró el Historiador. Explica que así lo sostienen historiadores como Don Fernando Ortiz en su obra monumental El contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, o Manuel Moreno Fraginals y otros estudiosos, que el tabaco siempre fue el hijo de la libertad porque no podía acariciarse la hoja llevando un grillo al pie, ni siendo azotado por un mayoral, que fue la suerte del pueblo esclavo y encadenado que se enfrentó a las murallas de la caña y que hizo a la nación de Cuba convertirse en aquel momento en la primera productora de azúcar del mundo, cuando se introdujeron en la isla dominicana y luego en Cuba los primeros canutos de caña que venían por el viejo camino de la India hasta el occidente americano.

Pero “la hoja” (de tabaco) no fue traída, asegura, “esa fue encontrada aquí y de tal manera que hemos celebrado en 1992 el quinto centenario del conocimiento que tenemos del uso que ya era largo por parte de los indígenas que lo tenían como culto divino: el cultivo y el goce del fumar!”.

Habana y Habanos, una relación histórica

Las plantaciones de tabaco son objeto actualmente de numerosas visitas turísticas. Foto: cortesía Habanos S.A.

“La vega fue, por excelencia, desde los días de aquella rebeldía, algo que requería de los cuidados más delicados: proveerse ante la lluvia, descubrir el misterio de que la hoja del tabaco nunca muere, se duerme en las casas de cura y cuando uno penetra en ellas siente en su interior ese vapor contenido que impresiona. Cuando en el cuartico más secreto se abren los tercios, de acuerdo a la excelencia de lo que ha de producirse para las grandes casas, en cualquier parte de Europa, que fue privilegio de los reyes, de los zares, de los emperadores; cuando lanzan esa agua pura que no puede estar contaminada con ninguna otra (…) y se rociaban las hojas de los tercios, se producía esa explosión, y el tabaco volvía a vivir de nuevo demostrando que no estaba ni embalsamado ni muerto, sino solamente dormido.

“De ahí que cuando ustedes tienen la suerte de tomar uno en sus manos están ante un trabajo que viene primero del campo de la propiedad y de la libertad; en segundo lugar, hecho con la mano amorosa de generaciones en la que interviene como factor fundamental en la base, la familia; y el gremio, el universo, defendido en aquella época por aquellos valientes y luego por aquellos líderes obreros que tanto en Cuba o en la emigración de Tampa, Cayo Hueso o Ybor City, fueron capaces de trasladar desde Cuba aquel espíritu”.

Invitó el Historiador de La Habana a luchar desde la cultura tabaquera por el destino y por la belleza de la capital cubana, que sigue siendo una ciudad bella e inspiradora. Elogió al gremio de torcedores y especialistas en el ramo que trabajan para que llegue al Reino Unido, a España y a cualquier latitud del mundo los productos que defendieron con derecho y pasión: cuando se trató de introducir en Cuba las máquinas de torcer en serie se levantaron los tabaqueros para decir no.

Felicitó a los artesanos y artistas que han sido capaces de hacer los más maravillosos humidores, y elogió a los lectores de tabaquería, cuyo oficio es sin dudas una joya patrimonial.

“¡Apéguense a esas cajas de cedro y a esas anillas primorosas, defiendan y cuiden esa producción que nunca puede ser masiva para que no pierda su esencia de perfume maravilloso de frasco pequeño!”. Exhortó a los amantes de los Habanos, quienes son y serán responsables de dar continuidad a una rica historia ligada a La Habana y a Cuba toda, esencia de su devenir como nación.

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