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Un famoso muro caribeño

Un famoso muro caribeño

Esta imagen fue tomada este martes en la mañana, en la parte del Malecón ubicada en la zona del Vedado. La paz es total, el mar, una perfecta compañía.

Uno de los paisajes más placenteros que descubre el sol en una mañana habanera es el Malecón, ensoñadora ventana al mar, invitación a no ver más que azul y a escuchar quizás el único sonido cuya repetición no cansa, sino abraza.

Frontera con el agua que los baña en varios países caribeños, como República Dominicana, y también en otras ciudades cubanas, en La Habana es un símbolo que atrapa al visitante cual Torre Eifel o Muro de Berlín: es historia, cultura, una “marca ciudad”, si existieran.

Aunque no lo busques, el Malecón habanero sale al encuentro de miradas, fotografías e historias.

Es un protagonista nato.

Datos históricos dan cuenta de que el Malecón comenzó a levantarse en 1901, aunque su historia comenzó mucho antes, en 1819, cuando se puso en práctica el llamado “ensanche de extramuros”, pues la ciudad estaba creciendo y el espacio costero que iba desde la entrada de la Bahía de La Habana hasta el Torreón de San Lázaro, era solo un espacio abierto de roca y mar.

Un famoso muro caribeño

El Malecón forma parte de la historia contemporánea cubana. Foto: pinceladas-rosas.blogspot.com, tomada de Juventud Rebelde

Unos 40 años después, en 1859, por toda la calle San Lázaro comenzó a circular el ferrocarril urbano que iba desde las cercanías del puerto hasta la propia desembocadura del río Almendares.

Ante la nueva estructura que tomaba la ciudad se pensó entonces en su inhóspito litoral habanero y encargaron el proyecto a Francisco de Albear, el más grande ingeniero cubano de la época.

Según consta en documentos históricos, la ancha avenida debía construirse a cuatro metros sobre el nivel del mar, separado de la orilla, y en la parte inferior una larga sucesión de 250 bóvedas, para dar cauce a otras necesidades de la ciudad, porque la galería resultante podía servir como línea de ferrocarril y almacén, pensando en el activo puerto habanero, o como línea defensiva militar.

Todo el proyecto costaría 850 mil pesos de la época, pero el gobierno español no otorgó los fondos a la administración municipal habanera y la propuesta quedó en suspenso.

Entonces, bajo el nombre de la Calzada del Golfo, el primer tramo de Malecón se comenzó a construir, como ya mencionamos, en 1901 bajo la primera ocupación norteamericana. En ese momento se extendía desde el Castillo de la Punta hasta la Calzada de Belascoaín.

Para alcanzar los casi ocho kilómetros actuales, el Malecón habanero pasó por varias etapas de avances y retrocesos, de gobiernos de turno, cambios, supresiones y transformaciones de planes, reseña el sitio Cubadebate.

La segunda etapa de construcción culminó en 1921, cuando se prolongó hasta la entrada del Vedado, y en 1930 llegó hasta la calle G, y durante el mandato de Carlos Prío Socarrás (1948-1952) llega el Malecón hasta sus límites actuales en las inmediaciones del Castillo de la Chorrera, junto a la desembocadura del río Almendares.

Un famoso muro caribeño

Foto: Cortesía del Mintur

Es así que entra a la vida habanera y cubana esta singular construcción que, en resumen, se extiende desde el castillo de La Punta, en la entrada de la Bahía hasta La Chorrera. Lo acompaña una extensa vía y una anchísima acera y una larga historia. Ha sido partícipe de trascendentales acontecimientos en el país, e, incluso, ha servido como escenario artístico, por ejemplo, durante la XII Bienal de La Habana.

Algunas descripciones lo definen como un muro de concreto desnudo. Total desacuerdo. El Malecón se luce elegantemente vestido de quienes lo conocen, de salitre y salpicaduras que desborda el mar como queriendo ganarle espacio. Es posiblemente el sitio más habitado de la Ciudad Maravilla, casa de todos, los que llegan y los que van, nido turístico y espacio de recreo, una zona común para los más de once millones de cubanos y para cada visitante que quiera arrimarse.

Fuentes: Ecured, Cubadebate y Juventud Rebelde

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