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Especial TTC: Por favor, protejan las sirenas

Servicio TTC.- Los griegos antiguos temían a las sirenas. Para los marinos de entonces eran seres peligrosos, parte mujer y parte pez, que con su música y seductores cantos los atraían en noches tormentosas a los arrecifes para que sus barcos naufragaran.

Siglos después se supo que las oscuras sirenas eran solo manatíes, inofensivos mamíferos que confundieron a los marinos cuando amamantaban a sus crías en el fondo bajo de mares cristalinos.

Las tres especies de manatíes (Trichechus) viven en el Caribe, en la cuenca del Río Amazonas y en la costa oeste de África y sus conductas apacibles y bonachonas, además de su humana manera de alimentar, atraen al turismo.

Incluso, como los delfines, pueden convertirse en “actores” si se les enseñan ciertos trucos. Y no son nada costosas de mantener porque pasan la mayor parte de su tiempo ingiriendo las plantas ribereñas y del lecho marino, o de aguas poco profundas.
Lamentablemente son también una especie en extinción.

Por eso un proyecto del Instituto Smithsoniano de Estudios Tropicales (ISET) en Panamá, entre otros en el área, está tratando de contar cuantos individuos de esa especie sobreviven en el Caribe para tratar de protegerlos. Sus labores la hacen a bordo de una embarcación equipada con sonares de doble frecuencia y escáneres, recorriendo ríos y zonas marítimas donde pueden estar.

Por desgracia, muchas de esas zonas que son aún habitat del manatí están amenazadas por la deforestación, la cacería, los residuos agroquímicos y el turismo, una industria que podría sacar provecho en lugar de acabar con esos animales.

En ese sentido el turismo podría convertirse en el mejor protector de animales que hoy están bajo la amenaza de desaparecer. Nada como los animales para atraer a personas en todo el mundo cuando disfrutan del tiempo libre.

Los zoológicos y lugares similares que existen desde la antigua Grecia y el imperio romano, no reportan jamás grandes crisis. Son lugares cercanos a los centros de las grandes ciudades, fáciles de acceder, y sus entradas son de bajo costo.

En el Caribe precisamente, en Cuba en específico, un zoológico nacional acaba de recibir una donación importante de animales africanos porcedentes de Namibia que vivirán en condiciones similares a su habitat.

En todo el mundo, crecen las reservas naturales donde el Hombre, en lugar de ser un depredador, se va convirtiendo, algunas veces en un proceso demasiado lento, en Turista, también con mayúscula, amante de la naturaleza.

En un mundo ideal la carne del manatí, las aletas del triburón, las pieles de los zorros, los colmillos del elefante y la belleza muerta del marlin, pasarían a la historia si programas bien pensados pudieran combinar la protección de la naturaleza con una buena economía turística.

Sería lo más razonable un planeta que los humanos compartan con el resto del mundo animal.

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