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Especial TTC: El cambio climático es enemigo del turismo y viceversa

Foto: Jakkapan Jabjainai/123RF

Por Frank Martin

Una gran parte de las personas que residen en el Caribe, son empleados de la industria turística y creen que los daños del cambio climático son a largo plazo.

Pero en realidad podrían perder sus empleos como temprana consecuencia de ese fenómeno mundial.

Un análisis de la revista Forbes estimó que 2.4 millones de personas en la región caribeña ganan sus ingresos del turismo y contribuyen a su vez con más de 62 mil millones de dólares, un 15.5% del Producto Nacional Bruto.

Esas estadísticas pueden ser interpretadas como “buenas” y alejadas del desempleo.

Pero los expertos de los cambios del clima ven en las cifras una gran dependencia en el sector del ocio. Ello enciende una luz roja en la pizarra del calentamiento global.

La rama turística caribeña puede ser dañada y a su vez dañar con emisiones perniciosas.

En el planeta la industria del tiempo libre es responsable del 8% de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, unos 4.500 millones de toneladas de CO2 por año.

Es cierto que estudios locales en el Caribe indican que las emisiones totales en islas pequeñas del área del Caribe como Dominica y Santa Lucía casi no se notan en comparación con las de las grandes naciones.

Pero en las ofertas caribeñas se expanden especialmente las clases de buceo, paseos en moto acuática. Y viajes aéreos y marítimos cada vez más numerosos.

Muchas actividades que parecen inocentes no son climáticamente “limpias”.

Se ha comprobado que las mencionadas producen alrededor de 24 kg de CO2 por turista.

Los campos de golf usan tanta agua como 60,000 residentes rurales y 1,500 kg de fertilizantes químicos, pesticidas y herbicidas cada año en el cuidado de los verdes campos de juego.

Científicos y economistas sugieren que si no se toman medidas el turismo puede llegar a tener un costo más alto para el medio ambiente que otros sectores.

La revista Nature Climate Change publicó en 2018 que un dólar de consumo relacionado con los viajes aéreos y marítimos produce una huella de carbono de 1 kg de CO2 que es un 25% más alto que las emisiones promedio mundiales producidas por dólar gastado en todos los sectores.

Si esta fórmula se aplicara al Caribe, significaría que, en 2018, el turismo regional contribuyó con 62 mil millones de kg de CO2e a las emisiones globales.

Esos análisis agregan que la aviación y la industria de cruceros contribuyen con el 3-5% de las emisiones totales de dióxido de carbono del mundo.

Los vuelos de larga distancia producen el 16% de todas las emisiones de CO2 relacionadas con el turismo.

Forbes afirmó que un vuelo de ida y vuelta desde Nueva York a Barbados produce 505 kg de CO2 por pasajero, mientras que un viaje de ida y vuelta desde Londres Gatwick a Kingston Jamaica produce 985.8 kg de CO2 por pasajero, el equivalente a quemar 1077 libras de carbón.

También se culpan a los hoteles por ser contaminantes por sus emisiones globales de carbono.

No obstante, nadie está abogando porque termine el turismo mundial.

Pero los defensores del clima sí defienden que se trabaje en tecnologías por reducir las emisiones no solo en la industria del ocio sino en todo el planeta tierra.

De hecho, el sector hotelero internacional se ha comprometido en reducir las emisiones absolutas de carbono en un 90% para 2050.

De esa manera el peligroso calentamiento global se mantendría por debajo del umbral de 2 grados acordado en el Acuerdo Climático de París.

Y las vacaciones en los paseos turísticos podrían disfrutarse por siglos.

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