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De armas y palomas, dos plazas habaneras

De armas y palomas, dos plazas habaneras

La Plaza de Armas es parada obligatoria de los recorridos turísticos. Foto: TTC

Ocupan los lugares 13 y 15 las Plazas de Armas y de San Francisco respectivamente en el ranking de la web de viajes Trip Advisor sobre las mejores cosas que hacer si estás de visita en La Habana.

Espacio inevitable, entorno exquisito, lugar hermoso, de obligada visita, sitios para el descanso, son opiniones que se repiten en las experiencias que plasman los viajeros en la página líder en orientación al turista a partir de experiencias reales de sus usuarios.

Y es que justamente se trata de las dos plazas que junto a la Plaza Vieja completan la triada de espacios antiguos –a los que se pudiera añadir también la de la Catedral- que cuentan desde su fundación la historia de la ciudad que ha sido símbolo desde su nacimiento.

De armas y palomas, dos plazas habaneras

La Plaza en 1931. Foto: www.habanaradio.cu

La Plaza de Armas fue, en su función primera, el espacio que rodeó al sitio fundacional de la ciudad -recordado actualmente por el monumento El Templete-, y a sus primeros asentamientos.

De esa manera definió lo que pudiera llamarse el primer trazado urbano de la naciente villa de San Cristóbal de La Habana. A partir de ella se trazaron los primeros caminos o calles, como la de los Oficios, Obispo, Mercaderes, y Obrapía, cuenta la web de la Oficina del Historiador de la ciudad www.habanaradio.cu

En 1559 el cabildo “…mandó que se señalara Plaza para esta villa” ya que la fortaleza que se construía -Castillo de la Real Fuerza- ocupaba el espacio de la que antes había; se mandó estacar de manera inmediata para evitar que se construyera en ella casa alguna por sus vecinos, el espacio que debía ocupar aquella consistía en cuatro solares ancho por largo, expone la reseña.

Una vez concluido el Castillo… cambian las funciones de la plaza de públicas a militares: se utilizaba para ejercicios militares y reuniones de las tropas, y entonces toma el nombre actual.

A partir de 1589 comenzó a tomar su forma definitiva. Los solares de los alrededores se vendieron para casa de cabildo, cárcel y carnicería, y la plaza adquirió mayor protagonismo.

Lo que en un inicio fue la plaza principal, donde se ubicó la iglesia parroquial y las casas de los vecinos más poderosos de la villa, devino lugar preponderante, donde los vecinos se reunían a cabildo abierto para tomar decisiones, y se pregonaban las leyes y noticias a toque de tambor, expone Habana Radio.

A finales del siglo XVIII la plaza recobró su antiguo carácter de centro cívico y bajo el gobierno del Capitán General Don Felipe de Fondesviela, Marqués de la Torre, se realizaron remodelaciones como la construcción de edificios monumentales con las portadas en arcos con frente hacia la plaza, lo que otorgó uniformidad a los cuatro frentes de la plaza.

También de esa época datan edificaciones icónicas de la arquitectura civil habanera como los palacios del Segundo Cabo (1771) y de los Capitanes Generales, erigido 20 años después.

Otras edificaciones importantes fueron el Palacio de los Condes de Santovenia –actualmente Hotel Santa Isabel-, la Casa del Real Consulado, ya desaparecida, y en 1828, el Templete.

Desde 1953 en el centro de la plaza se encuentra la estatua en mármol de Carlos Manuel de Céspedes, primer presidente de la República de Cuba.

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Foto: Archivo TTC

Aunque los tiempos de ejercicios militares quedaron muy atrás, este mágico lugar mantiene el nombre de antaño. La Plaza de Armas es en La Habana contemporánea sitio imperdible de su casco histórico, centro de reunión, adoquinado escenario de la vida cotidiana.

Contribuyen a ese propósito las labores de restauración de la oficina del Historiador que le devolvieron la imagen colonial, y la ubicación en sus alrededores de instituciones educativas y de recreo como la Biblioteca Rubén Martínez Villena, el Museo Nacional de Historia Natural y el Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales entre Cuba  y Europa.

La Plaza de las palomas

De armas y palomas, dos plazas habaneras

Foto: cortesía del Mintur

Es la denominación popular de la Plaza de San Francisco, honor a sus principales huéspedes y acompañantes por excelencia de los pasantes.

Tomó su nombre del primitivo convento de esta orden que se levantó en uno de sus extremos a finales del siglo XVI. Surgió aparejado a la expansión de la población que siguió el litoral de la bahía. En sus alrededores, se situaron los primeros astilleros de la ciudad, la primera fuente de abasto de agua de la Zanja Real, la primera casa de cabildo, la del gobernador y la cárcel, recoge el referido sitio web www.habanaradio.cu

Devino la plaza centro principal de la actividad mercantil de la villa por su cercanía a los muelles; sirvió a las armadas del sistema de flotas para que allí hicieran su aguada, y fue el depósito de las mercancías que descargaban en el puerto.

De armas y palomas, dos plazas habaneras

Foto: www.habanaradio.cu

Durante el Gobierno del ya mencionado Marqués de la Torre (1771-1776), fue empedrada la calle Oficios, en la primera mitad del siglo XIX se colocó en su centro la Fuente de los Leones, obsequiada a La Habana por Claudio Martínez de Pinillos, conde de Villanueva.

Por esa época también se ampliaron los muelles y sus terraplenes fueron adoquinados, por lo que la zona ganó en higiene. Relevantes figuras de la aristocracia construyeron sus casas en los alrededores.

Con la República llegaron nuevas modificaciones, que se conservan hasta la actualidad, la más relevante, el edificio de la Aduana, que tapó la vista al mar desde el lugar. Surgieron igualmente en esa época el edifico de la Lonja del Comercio, el Club de Marinos y la Plaza se convirtió en parque, un total deslucimiento.

De armas y palomas, dos plazas habaneras

Los visitantes alimentan a las palomas, las cuales son muy populares, especialmente entre los niños. Foto: TTC

Pasó el tiempo. Con la nueva sociedad puso una vez más su mano la oficina del Historiador para que la Plaza de San Francisco recobrara la imagen de antaño.

Actualmente es otra de las zonas preferidas de la Habana Vieja para el recreo. Si bien las palomas hacen buena competencia al nombre original, otro atractivo llama la atención de nacionales y foráneos: la escultura del caballero de París, pintoresco personaje de las calles habaneras inmortalizado en bronce a la entrada del Convento, hoy magnífica sala de conciertos y demandado Museo.

De armas y palomas, dos plazas habaneras

La barba desgastada del simbólico caballero prueba lo arraigado de la creencia en sus poderes. Foto: TTC

El Hotel Marqués de San Felipe y Santiago de Bejucal, de la marca Habaguanex del Grupo Hotelero Gaviota es otra joya de la Plaza. La circundan, además, la Galería Carmen Montilla, el Café del Oriente, el Museo del Chocolate y el Museo Nacional de Cerámica Contemporánea Cubana, instituciones que enriquecen su valor histórico y cultural.

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La Plaza de San Francisco es también testigo de amores de todas nacionalidades. Foto: TTC

Entonces conocer La Habana, andar en su historia, es también conocer sus plazas. Cada recorrido turístico o familiar las incluye y no deja pasar los palacios que rodean a la de Armas, o la caricia de las palomas y el frotar la barba del caballero de París para la buena suerte en la de San Francisco.

Ese es solo el comienzo, de ellas parte la vida del Centro histórico habanero, ellas abrazan cada detalle que este le ofrece al visitante y le cuenta un poco más de esta atractiva señora de casi 500 años.

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