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Barrio de Los Sitios, el primero de La Habana extramural

Barrio de Los Sitios, el primero de La Habana extramural

Foto: 123RF

Por: Pedro Pérez Rivero

Cuando nos aprestamos para la celebración del medio milenio de la villa de San Cristóbal de La Habana, las imágenes más antiguas que solemos recordar se relacionan con el centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982. Sin embargo, justo es reconocer la existencia de otra Habana colonial, fuera de la muralla que protegiera la ciudad desde el siglo XVII al XIX.

Entre los primeros asentamientos extramurales estuvo el de Guadalupe, aglutinado alrededor de una ermita bajo esta advocación católica, construida en 1716. Puede, por tanto, contemplarse aquel caserío rural dentro de la historicidad fundacional habanera. Más aún si se tiene en cuenta que era la principal proveedora alimentaria de los vecinos de intramuros, puesto que contaba con abundantes sitios de labranza; de ahí su posterior nombre de Los Sitios.

Los numerosos huertos fueron atendidos, en mayoría, por negros libres, incluso aquellos que llegaron en el mismo proceso de colonización y no en la condición forzosa de la esclavitud, o esclavos manumitidos; entre ellos los de etnia quisis, quienes construían sus rústicas viviendas con madera de cuabas. Una curiosidad de estos árboles, entonces abundantes en la zona, es su resistencia al fuego, pues aunque combustibles no llegan a convertirse en cenizas.

A la extracción social más humilde, este ensanche progresivo de extramuros fue sumando nuevos vecinos, hasta encopetados señores que decidieron alzar sus residencias en un área menos congestionada que San Cristóbal y a la vez lo suficientemente cercana a esta. Algunas de esas edificaciones se mantienen en pie, como la construida a finales del siglo XVIII en la calle Salud, donde desde hace décadas radica la Casa de Artes y Tradiciones Chinas; otro palacete se alzó en la calle Sitios, no. 11, en 1849, hoy casa de cultura de la localidad. Pero la de mayor prestancia es, por supuesto, la doble mansión en la Plaza de Marte, conocida como Palacio Aldama (1844), el más importante exponente arquitectónico del estilo neoclásico en Cuba.

Con la aparición de los consejos populares de la administración pública del Poder Popular, a partir de 1990 se reconoce el otrora popular barrio de Los Sitios como uno de los cinco pertenecientes al municipio Centro Habana, delimitado por las calles Zanja, Monte y Belascoaín. Cuenta, en una trama totalmente urbanizada, con una población cercana a los 32 000 habitantes, que permite observar el predominio del grupo etario del adulto mayor.

Rasgo muy distintivo del territorio es haber constituido históricamente refugio de emigrantes, lo cual reviste gran importancia en la composición étnica cubana. Desde finales del período colonial y en las primeras décadas del pasado siglo hubo allí núcleos poblacionales de chinos, árabes e italianos, artífices de un auge comercial en disímiles ramos, liderado en el rango minorista por las oleadas procedentes de España, con primacía gallega. Aun hoy, muchas personas que viven en otros municipios habaneros acostumbran decir: “Voy pa La Habana”, señalando así que se dirigen a la mayor zona comercial capitalina.

El profuso mestizaje no se hizo esperar en este enclave citadino, que después de 1959 incorpora, como pocos territorios habaneros, un flujo inmigratorio con amplia representación de Holguín, Guantánamo y Santiago de Cuba, por solo mencionar las tres provincias más presentes en el barrio. Otros asentamientos se corresponden con la vertiente cultural afrocaribeña rastafari, a veces tributada por comunidades de tránsito. Cada región ha ido incorporando tradiciones religiosas y festivas, hoy ya asentadas en Los Sitios, entre las que destacan el bembé asao y otras de origen haitiano.

Y qué decir del Barrio Chino, gema urbanística de la identidad habanera incrustada en Los Sitios, con sus muchos aportes a los gustos culinarios cubanos, y más recientemente hay que sumar otro beneficio, nada menos que a la salud, por encontrarse aquí la Escuela Cubana de Wushu Agustín Rizo, que ha sistematizando en toda la urbe la práctica del taichí y otros ejercicios terapéuticos de origen asiático.

Tal vez la más curiosa de las instituciones culturales de este singular entorno sea el cine Águila de Oro, único en pie de varios que mantuvieron programación para disfrute de los inmigrantes, sobre todo de la región cantonesa, cuyo idioma era hablado en la mayoría de las cintas proyectadas; a menudo se menciona en novelas publicadas a lo largo del pasado siglo, igualmente el teatro Shanghái, cerrado después del triunfo de la Revolución, medida que se debió a los espectáculos pornográficos que presentaba.

Entre las fuentes patrimoniales de este territorio descuella la comparsa Las Bolleras, constituida en 1937. Esta agrupación, solo de bailadoras, se propuso rendir homenaje a las célebres vendedoras lucumisas de bollo y otras frituras en La Habana colonial. Sus cantos constituyen variante especial de los típicos pregones habaneros, bajo la guía de un personaje principal: La Clarina, asumido al principio por la notable cantante de música folklórica cubana Nieves Fresneda. Su fundadora fue María Carballo, una de tantas rumberas famosas del barrio.

Benefactora para el barrio ha sido la reactivación de la Asociación Espiritista Kardeciana Cruzada Quisicuaba (1939). La relación entre tradición y modernidad se plasma en las acciones no lucrativas ni proselitistas del proyecto que de ella emana –hoy dirigido por el médico y antropólogo Enrique Alemán Gutiérrez–, las cuales se basan en un profundo respeto a la diversidad, factor de riqueza barreal. A propósito, el valor patrimonial de los objetos de culto yoruba, entre otros elementos que incluye el inmueble, permitió que la sede de Quisicuaba fuera declarada museo etnográfico, en julio de 2015.

Cabe cerrar esta breve caracterización con otro notorio elemento, indispensable para comprender la cotidianidad habanera a lo largo del pasado siglo y hasta el presente, la proveniente de sus solares. En una de estas ciudadelas, en la calle Sitios no. 17, residía el dramaturgo Abraham Rodríguez cuando en 1976 concibió su más reconocida obra: Andoba, estrenada en el teatro Mella, un año después.   En fin, para hablar de la genuina, profunda y amadísima Habana es preciso que no olvidemos uno de sus barrios más antiguos y emblemáticos: Los Sitios.

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